En nuestra mente no paran de fluir pensamientos generando un ruido interior,  como el de una radio que siempre está encendida, siempre está ahí, reviviendo el pasado y proyectando el futuro. Los pensamientos suelen surgir de nuestras sensaciones y percepciones. Si tenemos un montón de preocupaciones y miedos, generamos el terreno ideal para que crezcan pensamientos inútiles, perjudiciales e improductivos.

A veces nos dejamos llevar por el arrepentimiento y el pesar relacionados con el pasado y por los temores y preocupaciones del futuro. Tenemos la cabeza en otra parte y cuando nos damos cuenta del momento presente, sentimos un vacio en nuestro interior y anhelamos que ocurra algo que nos saque de ese ruido que nos disturba.

Estar en calma es esencial para darse cuenta del flujo continuo de pensamientos que nos generan, por norma general, ansiedad y temores.

Somos mucho más que nuestros pensamientos y podemos decidir que no se apoderen de nosotros ni que nos dominen. Si no somos conscientes de nuestros pensamientos, correrán por nuestra mente como pollos sin cabeza y se acabaran instalando en ella.

Debemos de aprender a apagar nuestra radio interior y silenciar nuestro dialogo interno. Encontrar unos pocos minutos para sentarte en quietud es la forma más fácil de aprender a abandonar nuestro modo habitual de pensar. Cuando nos desprendemos de nuestras ideas, pensamientos y conceptos somos capaces de desconectar nuestro ruido interior. Hay momentos en los que creemos estar sin ruido porque los que nos rodea está en reposo, pero a no ser que calmemos la mente, estaremos siempre con nuestro dialogo interior.

La quietud interior viene del corazón y no de las condiciones externas que nos rodean

La quietud consciente e intencionada nos permite transformar nuestra manera de actuar y reaccionar. Puedes empezar a  hacerlo apagando cada día, por unos momentos, la radio de nuestros pensamientos continuos. Un método por el que podemos llegar a reencontrarnos con nuestro silencio interior es reservarnos un tiempo cada día para estar con nuestra respiración y llevar la mente de vuelta al cuerpo. Y reencontrarnos con nuestra esencia.

Para practicar la plena conciencia no es necesario que tengamos un espacio exclusivo para la meditación o disponer de tiempo extra para gozar de esta actividad. La respiración consciente la podemos hacer en cualquier momento. A mí me gusta realizarlo al despertar estando todavía en la cama, respirando con plena atención, fijándome en su sonido, escuchando atentamente su ir y venir, dándome cuenta de cómo va llegando la paz. Recibiéndolo como un regalo de la vida. Es mi momento de plena conciencia.

Lleva encima un poco de silencio. El silencio es la esencia de la calma. El silencio no se puede forzar, sólo puedes aceptarlo cuando viene. Si escuchas bien, si escuchas de verdad, lo encontrarás en los lugares más inesperados. Lo único que hace falta es un poco de concentración.

Concéntrate en el silencio. Cuando este llegue fíjate en cómo suena. Luego intenta llevar ese silencio a donde vayas y actúa desde él, dándote cuenta de tu serenidad.

Que lo disfrutes.