No vemos el mundo en conjunto, sino desde nuestro punto de vista o nuestro mapa individual como decimos en PNL.

Fundamentalmente las creencias son los cimientos de nuestro mapa y condicionan nuestra forma de actuar. A veces poblamos nuestra mente de pensamientos que nos limitan, o simplemente, de preocupaciones inexistentes.

Una creencia es una afirmación que considero que es verdad y nadie me la puede cambiar, salvo que yo desee hacerlo.

Timothy Gallwey, uno de los precursores del coaching moderno, en su libro “El juego interior del tenis” nos dice que el enemigo no está fuera, sino dentro, y lo que nos limita no es la escasez de recursos, sino nuestras creencias, sobre lo que podemos y no podemos hacer.

La clave está en las historias que me cuento a mí y sobre mí mismo, que son las que autogeneran la autoimagen a la que debo ser fiel.

Lo que creas condiciona lo que piensas y lo que piensas condiciona lo que sientes y lo que haces.

Por supuesto, las creencias se pueden modificar, requiere esfuerzo y constancia pero es importante saber qué tipo de creencias tenemos y cuáles son las más beneficiosas.

Todos tenemos el poder de cambiar, de cambiar nuestras creencias. Y si cambiamos nuestras creencias cambiaremos nuestra forma de actuar.

La manera efectiva de cambiar una creencia tiene 3 pasos básicos:

  1. Darte cuenta de su existencia.
  2. Reformularla.
  3. Actuar con una nueva creencia hasta convertirla en un hábito.

 Reflexiona y actúa

¿Qué creencias tienes sobre ti? ¿Cuáles de ellas te ayudan? ¿Cuáles de ellas te limitan? ¿Cómo podrías rebatir las creencias que te limitan?