Un equipo, es algo más que un grupo de personas con objetivos comunes,  es la integración de todos para ser uno. Esto, nos permite alcanzar logros que no podríamos conseguir por nosotros mismos.

Dejamos de lado nuestro ego para pensar más en los demás, en el equipo. Cuando esto ocurre, nos transformarnos. Pasamos a ser parte de algo más poderoso, productivo y eficaz de lo que seríamos cada uno por separado.

Cinco son los puntos básicos para un buen funcionamiento dentro de un equipo:

  1. Tener una buena razón para que sus integrantes se unan. Ésta tiene que ser lo suficientemente importante como para que se identifiquen, entusiasmen y compartan valores y objetivos.
  2.  Poner a disposición de todos, las habilidades y conocimientos individuales  con el compromiso de la mejora continua y el progreso en el día a día. Acompañados de un líder capaz de medir y comparar esos progresos.
  3. Participación para que cada uno de los integrantes implicados se sienta parte activa. Además de cumplir con sus tareas específicas han de tomar parte en las discusiones y procurar una toma de decisiones los más fluida y consensuada posible.
  4. Reconocimiento de todos a uno y de uno a todos. Reconocer los progresos en la consecución de metas y objetivos. Se trata de realzar lo positivo, de centrarnos en lo que hacemos bien.
  5. Comprender que el poder colectivo va más allá de la actividad individual. Si las personas se empeñan en destacar por sí mismas pueden arruinar la efectividad del equipo. Sin embargo, si la prioridad es generar sinergia, consiguen ser un único ente donde todos sus integrantes son uno, el equipo.

Una empresa u organización tiene el éxito asegurado siempre y cuando exista sentimiento de equipo entre las personas que la forman.